Trontiana (11). Un post-scriptum de Mario Tronti

¿Se puede estar realmente fuera? Es la pregunta que he dirigido a Mario durante nuestras últimas conversaciones. Recibo hoy, ocho de enero, su respuesta, importante, extraordinaria. Ahora está aquí, naturalmente, en la lucha del texto, de este texto” (Francesco Matarrese).

POST-SCRIPTUM.

En arte, como en política, no hay nada más que lucha.

¿Puede estarse realmente fuera? Esta es la pregunta. Yo respondo: si. Yo lo estoy. Siento estarlo. Por sensibilidad, aun antes que por razón. Este mundo, así como es, como es históricamente organizado y dominado, no me pertenece, na forma parte de mi, y entonces me es extraño. No me detengo aquí. Apunto un dato: encuentro frente a mi una forma del ser del mundo, también ésta no metafísica sino históricamente determinada, que pide y obtiene una relación de hostilidad. Este modo de ser, o este mundo del ser, me combate y yo lo combato. Las formas de lucha no las sufro, las elijo: naturalmente en los límites de lo posible. Y todo el esfuerzo, intelectual y práctico, consiste en ampliar y poseer la esfera de la posibilidad. Existe una mutación en las contingencias. Y todo depende de las relaciones de fuerza. El “dentro y contra”, el trabajo que desde el interior del capital tenía suficiente potencia para bloquear el mecanismo de su reproducción, describía un nivel alto de la lucha, y proponía la utopía concreta de una puesta en crisis subjetiva del organismo sistémico. Todo esto es pasado. Ya no se da en el presente. ¿Es posible una lectura utópica del pasado? Benjamin ha demostrado que no solo es posible, sino que es necesario. Sigo esta pista. Con un añadido. El pasado, que para mi tiene un nombre, el Novecento -escribo siempre mi siglo con mayúscula, para marcar la majestad- no es la edénica edad que apela a la nostalgia, es más bien la época del maximo peligro para el orden secular del dominio y de la explotación. Y sé, con Hölderlin, que allá donde el peligro es más grande, allí está la salvación. Es del desorden del mundo de la vida del que únicamente pueden nacer nuevos cielos y nuevas tierras, o nuevas formas de vida. Las vanguardias del Novecento no son neorrománticas, son neue Revolution. Si es verdad que entre ayer y hoy, entre pasado y presente, en medio está la losa de la derrota operaia, en común, para arte y política, estaría la no aceptación de esta derrota y la investigación de otra modalidad de rechazo, que pueda valer, de modos diferentes y autónomos: Yo lo planteo así. En la actual, profunda, estructural, crisis de los fundamentos de la política moderna, ¿qué papel puede tener, que función activa puede desarrollar, el experimentarse, existencial, del arte contemporáneo? Aceptación de la derrota por parte del antagonismo y rechazo del orden del mundo que se deriva de ello. Deben construirse juntos y volver a descender, para desde allí volver a partir, para cada uno de nosotros, en el fondo del alma, para decirlo como el Maestro Eckart. Otro constructivismo para otra disolución. Y, sin embargo, debemos saber, con una cultivada lucidez, que aquella losa de la victoria del capital sobre el campo del trabajo, está allí y no podemos saltarla. Aquí política y arte dividen sus trabajos, más allá de los muros obstructivos que han sido levantados en la nueva presente paz de cien años. Espera al artista reconocer, creativamente, los pliegues del mundo en los que se esconde la alienación de la vida de las personas, espera al político medir, de modo realista, las fuerzas disponibles y suscitar las energías indispensables, para la gran batalla, para una lucha que sea creible y que sea fascinante. No-trabajo y no-arte, formas en todo caso del rechazo, pero también nuevos mundos vitales, donde reconocerse, pertenecerse, organizarse. ¿Qué hacer, en cambio, de estas retroguardias intelectuales de lo post-moderno? Cantan lo nunca visto, pero repiten lo ya dicho*. Se alinean con la opinión de las mayorías democráticas. Cabalgamos sobre la ola de lo nuevo que avanza, hasta que son engullidos por ello. No es tanto el mercado lo que me preocupa, es la adhesión, la trituración, al gusto de masas aculturadas subalternas, armadas, o mejor dicho desarmadas, por lo politically correct, es el homenaje a la sociedad del espectáculo, el asumir la civilización del entretenimiento, la fuga precipitada de lo real para caer en brazos de lo virtual, el abandono de los espiritual en el arte sin alcanzar una corporeidad de la inspiración. La abstracción era una elección del sujeto pensante y agente, forma de rechazo de aquello que se ve, el vacío, la insignificancia, la indiferencia, son por contra la imposición del objeto que cuenta, que quizá es solo mercancía, en realidad es siempre la mesa de Marx que, una vez producido, se autonomiza, o más bien se pone a bailar sobre sus propias piernas, con tantos grillos en la cabeza. Y todos, allí, admirando la tecnológica performance, que finalmente vence sobre la fuerza gravitacional de la historia, humana, demasiado humana. Yo estoy bien asentado dentro de una tradición de subversión del estado de cosas presente, desde el punto de vista de aquello que ha sido el movimiento obrero. Lenin decía: “la verdad es revolucionaria”. Hoy puede perfectamente decirse: “el pasado es revolucionario”. Porque el pasado es la verdad. En tanto los falso es lo actual: una superproducción de artificios, que no casualmente ha acabado por poner en crisis la misma producción de bienes. Es hermoso ver a los patrones del mundo que no saben como salir de la weberiana jaula de acero que habían construido para mandar sobre el trabajo. Recordémoslo: en el arte, como en la política, no hay otra cosa que la lucha. Es cierto, hace falta que la guerra se convierta en inútil. Pero no porque ocupe su puesto una improbable paz perpetua kantiana, más bien para que se instaure una forma, legal y legítima, civil y civilizatoria, de conflicto permanente entre diferentes y opuestos Wet-und- Lebensanschauungen. Al pensamiento único debe contraponerse un pensamiento dual. Como a la armonía social debe ser de nueva contrapuesta una sociedad dividida. Por lo demás, esto es el principio de realidad, que diversas modalidades de enmascaramientos ideológicos hoy ocultan. Y las diversas máscaras tienen un modo único de ocultación, el de restituir, demonizada, esta realidad a un pasado extinguido, donde el mecanismo lógico es el post, el post-histórico, el post-político, el post-ideológico. La verdad del no trabajo se convierta en la falsedad de la sociedad del post-trabajo. La verdad del no-arte se convierte en la falsedad de lo creativo del post-arte. No existe otro modo para quebrar este mecanismo perverso que restaurar la presencia de puntos de vista alternativos: que se combaten, pero que se reconocen. Y que, por tanto, levantan la lucha a la altura de una comparación/choque nunca definitiva , esto es, que nunca presupone la eliminación de otro. No existe una verdad para todos, existe la verdad para una parte y la verdad para otra parte. ¿Es posible entonces una parcialidad absoluta, o un absoluto parcial? Hace falta hacer que esto sea posible, garantizando, con las leyes, que el conflicto no se convierta en guerra. Y pensando, y practicando la propia verdad, el propio absoluto, en términos no totalitarios, no integristas, no fundamentalistas. El espacio para la presencia, activa, del artista en la vida del mundo en este contexto se amplifica y se profundiza. No es tan necesario desplegarse como lo era en tiempos de guerra, es necesario estar dentro del conflicto, solo con los recursos de la propia, específica, insustituible, existencia interior. Entonces, por tanto, manteniendo firme el contra, debe ser retomada la dialéctica dentro/fuera. Dialéctica, precisamente, porque es movimiento de opuestos, que en las fases cambian de puesto en la preeminencia práctica y teórica. Pollock, que gira en torno al cuadro, se zambulle dentro, sale de él, lo domina y condiciona, es la metáfora justa. ¿Qués es el fuera? No es sobre. Es el ir más allá. L´über, “il passaggio del punto zero” (….) El mundo, así como es, el existir histórico del capital, para poder combatirlo debes estar dentro, para conocerlo debes estar fuera, para expresarlo, en su contraste de fondo, debes estar dentro y fuera. Trascender aquello que quieres contrarrestar, para esto hace falta una fuerza importante, y su organización, ya sea cuando estás junto a los otros, ya sea cuando está a solas contigo mismo. Un salto, es cierto, kierkeggardianamente intencionado, pero no de una vez por todas, cada día, cada hora del día, en el pensar, en el crear, est es, en el vivir.

(Mario Tronti, 8 de enero de 2012).

El texto de Francesco Matarrese y el Post scriptum de Tronti (que es lo que aquí reproduciomos) fueron presentados en 2012 en dOCUMENTA (13) de Kassel. Lo tomamos de la página que enlazamos. Traducido por Administrador.

Enlazamos:

http://www.centroriformastato.it/greenberg-e-tronti/

*El subrayadao es del traductor

Foto: Pixabay.

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