Trontiana (12). ¿Puede interesar a lo político la teología de San Pablo?

La Introducción de Mario Tronti presentada en el Encuentro del 18 de mayo promovido por el CRS y el Istituto Universitario Sophia.

Mi tarea es la de argumentar las razones de una eleccción: por qué esto que se llama Centro studi e iniziative per la riforma dello Stato se desliza con tanta facilidad en el año paulino, en interlocución con una nueva reciente experiencia de institución universitaria católica. Del logo de los dos centros, me parece identificar en aquel común círculo blanco, que podría ser el mundo, la intención de sobreponer a ello o de introducir en ello alguna otra cosa que, desde fuera o desde arriba, lo pone en discusión. Pablo de Tarso, en la imagen simbólica que yo tengo de él, se presenta como una gran figura de transformación del mundo, como orden constituido y como mentalidad inducida por este orden. Primer motivo de interés político, que sin embargo no queremos reducir únicamente a esta dimensión. Al contrario, es a partir de su espesor teológico que queremos mezclar el impacto sobre una idea de político de la cual se siente nuevamente hoy la necesidad.

Pero antes, dos palabras sobre el C.R.S. Se trata de un histórico centro del PCI, fundado en 1972, para poner al día la cultura política, jurídica, institucional, de aquel partido, después de aquella verdadera y propia edad del cambio que habían sido los años Sesenta. El primer presidente será Umberto Terracini, por muchos años será presidido por Pietro Ingrao, que dejará la marca de su curiosidad intelectual, de la apertura de investigación y gusto por el debate sobre todo aquello que nos interroga más allá de nosotros mismos. Hoy se sitúa, con el mismo espíritu, en una posición de referencia y de diálogo, y de puente político-cultural, entre la izquierda llamada reformista y la izquierda llamada radical. Existe una sección de trabajo que, bajo la dirección de la persona excepcional de Pasquale Serra, desde hace dos años lleva adelante un seminario permanente de teología política, del cual el primer fruto es un libro que está para salir estos días. Con un título de por sí elocuente: “Per la crítica della secolarizzazione”. Mientras el primer seminario en curso este año, que busca una primera historia del concepto de teología política, será recogido en un número monotemático de “Democrazia e diritto”. También ésta, revista histórica del C.R.S.

Pero entremos en las cosas. El punto de partida que ha llevado al interés por el año paulino es de este tipo: según nuestra opinión, la actual crisis de la política es una crisis de los fundamentos. No es una crisis coyuntural, es una crisis estructural. Para continuar coqueteando con el lenguaje de la economía, está la dimensión de la “gran crisis”, como “colapso”, great crash. Cuando se celebra el fin del Novecento, haría falta saber qué se está celebrando realmente ahora con ello. Comprensible que hagan fiesta los patrones del mundo, que de aquel momento suyo han retomado por completo la posesión del mundo entero y constituido su dominio democrático sobre la inmensa mayoría de sus habitantes. Incompresible, cada vez para mí más incomprensible, que participen en la fiesta, aquellos que el mundo y el modo de estar en el mundo salido de él, tendrían el deber de contestar, precisamente para transformar.

Porque la tragedia no es que el Novecento haya existido, y quizá incluso no que haya acabado – aunque la más potente de las épocas está destinada a transitar -, la tragedia es que ha acabado mal. La cosa que más me ha impresionado, en el último ventenio de historia, si queremos llamarla así, con un exceso de generosidad, hasta el punto de provocar una especie de cambio de paradigmaa nivel del pensamiento, es el final de farsa de aquello que ha sido lo trágico de la política novecentesca. Es este paso desde la tragedia a la comedia lo que ha abatido, en sus fundamentos, en mi opinión, la política. El Beruf weberiano se ha vuelto su exacto contrario, de la profesión a la improvisación, de la vocación por una tarea a la disposición hacia todo. Se confunde, porque se mezcla, el carisma con el aprecio. Los líderes políticos pueden decir cosas distintas, incluso opuestas, pero es increible como lo dicen, todos, desde Berlusconi a Obama, del mismo modo. Antes de nada, comediantes. Actores en escena: pero no comedia del arte, fantasiosa y creativa. Porque es evidente que están recitando un guión escrito por aquella especie de magos que son los expertos de la comunicación. Podría decirse que el Novecento no bromeaba con la espectacularización de masas de la política. Los totalitarismos enseñan. Pero era distinto, sino lo opuesto. Allí, la espectacularidad de masas era instrumento de la decisión política. Ahora la decisión política se ha convertido en instrumento del espectáculo público. Se decide aquello que sirve para tener apoyo: apoyo de una masa pasiva a la que hace falta hacer creer que es una masa activa. La crisis de la política es crisis de la autonomía de la decisión política.

Y llego al punto. He realizado esta descripción de los “signos de los tiempos”, para usar una expresión en línea con el tema de hoy. ¿Qué estamos buscando? Buscamos, probando y volviendo a probar, mirando hacia dentro de nosotros como personas y fuera de nosotros como movimiento, habiendo comprendido que existen más cosas, y más interesantes, en el pasado de cuanto pueda ofrecernos el presente, buscamos el hueco por el que pasar para salir de la estrechez en que está atrapada la instancia revolucionaria y, en este punto diré, también la posibilidad reformista. Desde el interior de la política, no somos capaces de salir de su crisis. Y si no salimos de su crisis, ya nadie será capaz de subvertir las cosas, en sentido alto, en sentido tan altamente humano como para aproximarse a cuanto de más allá de lo humano se nos presenta, no solo como perspectiva escatológica, sino como realista camino hacia lo absoluto.

Porque, no en la política en general, y ciertamente no en la política conservadora, o innovadora, que son más o menos la misma cosa, sino en la política de la transformacioón de las relaciones y de la transvalorización de los valores, en esta política lo absoluto existe, y es siempre algo que trasciende con respecto a tu actuar aquí y ahora. Por lo cual política y trascendencia es un tema nuestro, y todo débil relativismo, progresista, laico, racionalista, iluminista, está destinado a inscribirse, y así ha ocurrido en realidad, en otro campo, como gestión muy ligeramente mejorativa del actual estado de cosas.

Aquí, Pablo, el fabricante de tiendas, que retoma el anuncio del hijo del carpintero y lo lleva “hasta los más extremos confines de la tierra” (At 1,8), predicando a los no judíos, a los no circuncisos, a los paganos, a los Gentiles. Apóstol, es decir, enviado, mandado lejos, “anunciador de divinidades extranjeras”, cuando habla al Aerópago de Atenas (At 17,18). Toma el tema de la Ley y lo lleva de Jerusalém a Roma, y mientras lo lleva, lo transforma: de la Ley del pueblo judío a la Ley del populus mundi. E inagura aquella dialéctica entre obediencia a la Ley y obediencia a la Fe, que es un gran tema, tema-problema, de la política moderna: aquel actuar en la contingencia, libres de la contingencia, para superarla, para derrocarla. Me ha fascinado siempre la lectura de Taubes: el Evangelio como declaración de guerra a Roma. Mi tesis es la siguiente, dice Taubes: la Carta a los Romanos es una teología política en cuanto declaración de guerra política respecto a los Césares, contra la propagación del culto a los Césares, había dicho Bruno Bauer, en aquel texto, “Christus un die Caesaren”, que Marx, o no había leído o había leído mal. No el nomos sino quien ha sido crucificado por el nomos, es el verdadero César: he aquí la revolución política paulina.

Sin embargo, lo más interesante para nosotros no está aquí. Lo más interesante es el modo en el que se ha practicado esta verdadera y auténtica mutación. Pablo hace la operación vencedora para el Cristianismo en los siglos y milenios por llegar. Lo inscribe sobre la estructura geopolítica imperial romana. Aquí, la maquiavélica fortuna que se añade a la virtud paulina: haber encontrado, enseguida, este contenedor universal, con Roma en el centro, donde depositar la universalitas del propio mensaje. Esto permite a Pablo una magistral doble operación: fundar un pueblo, otro pueblo, después del de Moisés, y poner al mismo tiempo las bases de aquella que será la forma política del catolicismo romano, aquella institución Iglesia, que tendrá la tarea de refundar continuamente este pueblo, y sin la cual los cristianos habrían sido nada más que un grupo sectáreo de zelotes, rápidamente aplastados por la máquina de la historia.

Y entonces es así como deben ser leídas aquellas páginas de Pablo, más complicadas para nuestras orejas libertarias. Hago dos referencias, para eventuales profundizaciones interpretativas. Una es a una personalidad muy conocida, Karl Barth, que en la Epístola a los Romanos, hace una operación aguda, unificando en el comentario del último versículo de Romanos, 12 (“no te dejes vencer por el mal, más bien derrota al mal con el bien”) a los primeros versículos de Romanos, 13: “Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades. Pues no hay autoridad que no venga de Dios ….” Porque esto le da el modo de elaborar el discurso sobre legitimidad y revolución, sobre el hombre reaccionario y el hombre revolucionario, la elección muy compleja entre los dos, aunque sea esta una lectura que debe ser contextualizada en su tiempo, el de la primera gran guerra europea y mundial. Barth observa que irrumpe en el texto de Pablo el concepto de enemigo: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed dale de beber: haciendo esto, realmente, echarás carbones ardientes sobre su cabeza”.

La otra referencia es a una persona completamente desconocida, Pino Stancari, un jesuita que vive en una casa rural aislada de Castiglione Cosentino Scalo, de la que sale habitualmente, en “itinerancia evangélica” para suministrar al prójimo ejercicios espirituales. Yo los llamo los existentes invisibles, otro de los cuales es Pio Parisi, también él jesuita, que vive aquí, en Roma, en un palacete de Pietralata, en un entorno de una comunidad de jóvenes estudiantes, a los que ofrece hospitalidad y espiritualidad. El mundo católico tiene estos recursos escondidos. Las personas que no se ven son las únicas con las que vale la pena tener una relación de intercambio humano, porque todos aquellos que se ven están perdidos.

Vien, Pino Stancari ha escrito un Comentario a la Carta a los Romanos (Cens, Milano, 1992). Ha escrito no es correcto, porque él no escribe, dice, y alguien transcribe. Y en relación a los pasajes mencionados, dice que allí Pablo no está consagrando las instituciones, más bien al contrario, está sustrayendo a los poderes mundanos cualquier presunción sagrada. “Obedeced a las autoridades constituidas, porque aquello que en vosotros es tensión, aquello que en vosotros es impulso, aquello que en vosotros es compromiso con vistas al fin escatológico, no tiene nada que ver con la gestión del poder en el momento transitorio de la historia humana”.

Yo entiendo que este es el modo justo de estar de las personas libres, en un partido, en el Estado, quizá también en la Iglesia.

En fin, creo haber motivado las razones de la jornada. Pero existe una razón, más psicológica, a hacer notar. Nosotros recitamos regularmente aquella plegaria matutina que – decía Hegel – es la lectura de los periódicos, escuchamos el resumen de prensa, después con base en esto nos comportamos públicamente de determinado modo. Al final de la jornada, el sentido de asfixia, la ansiedad por falta de oxígeno, nos advierte de altísimo nivel de contaminación alcanzado. La contaminación de las almas es mucho más grave que la contaminación del ambiente. Digamos que una jornada sobre estos temas es como respirar aire limpio. Y la respiración, diría alguien que está en esta sala, es el océano de la conciencia.

Publicado el 18-5-2009 en la web del CENTRO RIFORMA STATO. Traducido por Administrador. Original: aquí:

https://www.centroriformastato.it/la-teologia-di-san-paolo-puo-interessare-il-politico/

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